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Publicado en Ser Mejores Nro. 4
MINICURSO: GESTIÓN POR COMPETENCIAS (1)
Por Isel Valle Leon
La aplicación del concepto de
competencias laborales a la Gestión de los RR HH, se ha extendido
actualmente en el mundo empresarial. Y no son pocos los expertos,
especialistas, investigadores y autoridades, en general, que sobre el tema
de las competencias laborales coinciden en opinar que las mismas constituyen
una nueva alternativa para incrementar el rendimiento laboral y la
motivación, entre otros, lo cual sin dudas, constituye la finalidad de la
aplicación del modelo de Gestión por Competencias.
Dadas las ventajas, y las implicaciones reales que trae consigo la
implantación de un modelo de Gestión por Competencias en una organización,
este curso, basado en las más recientes investigaciones sobre el tema,
pretende servir de herramienta teórica y práctica para aquellas empresas que
adopten la implementación del modelo en cuestión.
1.Introducción:
Los cambios que hoy se producen en el entorno empresarial, caracterizados
por la globalización de la economía, y la continua introducción de la nuevas
tecnologías en los procesos de producción y administración en las
organizaciones, han provocado a su vez, cambios en las estructuras al
interno de las mismas, existiendo la tendencia al aplanamiento de
estructuras y a la constante evolución de los puestos de trabajo, lo cual
hace difícil mantener la estabilidad de los mismos.
Esta nueva realidad también ha modificado el contrato entre las
organizaciones y sus miembros, basándose ahora en el desarrollo profesional
de los primeros y en la búsqueda, por parte de los segundos, de nuevas
formas para potenciar al máximo las competencias de su personal.
Para dar respuesta a este gran reto, muchas empresas han optado por la
aplicación de un sistema de competencias laborales, como una alternativa
para impulsar la formación y la educación, en una dirección que logre un
mejor equilibrio entre las necesidades de las organizaciones y sus miembros.
2.Competencia Laboral: Orígenes del término
El concepto de competencias, es muy utilizado por estos días en el contexto
empresarial para designar un conjunto de elementos o factores, asociados al
éxito en el desempeño de las personas, y cuando se hace referencia a los
orígenes del mismo por lo general encontramos que se cita a David
McClelland. No obstante, creo que es necesario recordar algunos trabajos
anteriores a los de este autor, para comprender mejor el origen de la idea
de las competencias.
En 1949, T Parsons, elabora un esquema conceptual que permitía estructurar
las situaciones sociales, según una serie de variables dicotómicas. Una de
estas variables era el concepto de Acheviement vs Ascription, que en esencia
consistía en valorar a una persona por la obtención de resultados concretos
en vez de hacerlo por una serie de cualidades que le son atribuidas de una
forma más o menos arbitraria. (Resultados vs Buena Cuna).
Casi diez años después, en 1958, Atkinson lograba demostrar de forma
estadística la utilidad del dinero como un incentivo concreto que mejoraba
la producción siempre que el mismo estuviese vinculado a resultados
específicos.
A principios de la década de los 60, el profesor de Psicología de la
Universidad de Harvard, David McClelland propone una nueva variable para
poder entender el concepto de motivación: Performance/Quality, considerando
el primer término como la necesidad de logro (resultados cuantitativos) y la
segunda como la calidad en el trabajo (resultados cualitativos). Siguiendo
este enfoque McClelland se plantea los posibles vínculos entre este tipo de
necesidades y el éxito profesional: si se logran determinar los mecanismos o
niveles de necesidades que mueven a los mejores empresarios, manager, entre
otros, podrán seleccionarse entonces a personas con un adecuado nivel en
esta necesidad de logros, y por consiguiente formar a las personas en estas
actitudes con el propósito de que estas puedan desarrollarlas y sacar
adelante sus proyectos.
La aplicación práctica de esta teoría, se llevó a cabo por parte de su
autor, en la India en 1964, donde se desarrollaron un conjunto de acciones
formativas y en solo dos años se comprobó que 2/3 de los participantes
habían desarrollado característica innovadoras, que potenciaban el
desarrollo de sus negocios y en consecuencia de esto, de su territorio.
Estos resultados conllevaron a que los estudios de este tipo proliferaran en
el mundo laboral, todos querían encontrar la piedra filosofal que permitiera
a las organizaciones ahorrar en tiempo y dinero en los procesos de selección
de personal. No obstante, por una razón u otra, la problemática universal en
torno a qué formación debe poseer la persona, y cuan adecuada debería ser
para desarrollar con éxito el puesto, aún no estaba resuelta
satisfactoriamente.
En el año 1973, McClelland demuestra que los expedientes académicos y los
test de inteligencia por si solos no eran capaces de predecir con fiabilidad
la adecuada adaptación a los problemas de la vida cotidiana, y en
consecuencia el éxito profesional.
Esto lo condujo a buscar nuevas variables, a las que llamó competencias, que
permitieran una mejor predicción del rendimiento laboral. Durante estas
investigaciones encuentra que, para predecir con una mayor eficacia el
rendimiento, era necesario estudiar directamente a las personas en el
trabajo, contrastando las características de quienes son particularmente
exitosos con las de aquellos que son solamente promedio.
Debido a esto, las competencias aparecen vinculadas a una forma de evaluar
aquello que "realmente causa un rendimiento superior en el trabajo" y no "a
la evaluación de factores que describen confiablemente todas las
características de una persona, en la esperanza de que algunas de ellas
estén asociadas con el rendimiento en el trabajo" (McClelland, 1973).
Otro autor muy referido en esta línea de investigaciones en R E Boyatzis
(1982) quien en una de sus investigaciones analiza profundamente las
competencias que incidían en el desempeño de los directivos, utilizando para
esto la adaptación del Análisis de Incidentes Críticos.
En este estudio se concluye que existen una serie de características
personales que deberían poseer de manera general los líderes, pero que
existían también otras que solo poseían otros que desarrollaban de una
manera excelente sus responsabilidades.
3. Concepto de Competencia Laboral
Las conceptualizaciones de este témino, que ofrecen los distintos autores e
instituciones reconocidas como la OIT, son múltiples y variadas. A
continuación se ofrecen algunas de ellas:
Las competencias son repertorios de comportamientos que algunas personas
dominan mejor que otras, lo que las hace eficaces en una situación
determinada (Levy Leboyer, 1997)
Según este autor, son además observables en la realidad del trabajo, e
igualmente en situaciones de test, y ponen en práctica de manera integrada
aptitudes, rasgos de personalidad y conocimientos. Por lo tanto, las
considera un trazo de unión entre las características individuales y las
cualidades requeridas para llevar a cabo las misiones del puesto.
Las competencias son unas características subyacentes a la persona, que
están casualmente relacionadas con una actuación exitosa en el puesto de
trabajo. (Boyatzis, 1982).
Se refiere a la capacidad efectiva para llevar a cabo exitosamente una
actividad laboral plenamente identificada (según la OIT este es el concepto
generalmente más aceptado).
Se refiere a la capacidad productora de un individuo que se define y se mide
en términos de desempeño en un contexto laboral determinado, y no solamente
de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes. Estas son necesarias,
pero no suficientes en si mismas para un desempeño efectivo. (CONOCER de
México)
Se refieren a la construcción social de aprendizajes significativos y útiles
para el desempeño productivo en una situación real de trabajo, que se
obtiene no solo a través de la instrucción, sino también -y en gran medida-
mediante el aprendizaje por experiencia en situaciones concretas de trabajo.
(POLFORM/OIT)
Es la idoneidad para realizar una tarea o desempeñar un puesto de trabajo
eficazmente, por poseer las calificaciones requeridas para ello. (OIT)
Es el conjunto de comportamientos socio-afectivos y habilidades
cognoscitivas psicológicas sensoriales y motoras que permiten llevar a cabo
de manera adecuada un papel, una función, una actividad o tarea. (Provincia
de Québec)
Es el conjunto identificable y evaluable de conocimientos, actitudes,
valores y habilidades relacionadas entre sí, que permiten desempeños
satisfactorios en situaciones reales de trabajo, según estándares utilizados
en el área ocupacional. (Consejo Federal de Cultura y Educación Argentina)
Se concibe como una compleja estructura de atributos necesarios para el
desempeño de situaciones específicas. Es una compleja combinación de
atributos (conocimientos, actitudes, valores y habilidades) y las tareas que
se tienen que desempeñar en situaciones determinadas. (Australia)
Esta definición es considerada como un enfoque holístico, en la medida en
que integra y relaciona atributos y tareas, permite que ocurran varias
acciones intencionales simultáneamente y toma en cuenta el contexto y la
cultura del lugar, permitiendo incorporar la ética y los valores como
elementos del desempeño competente.
Por las razones descritas anteriormente, he adoptado en mis investigaciones,
esta última definición. Siempre ajustada a los objetivos que de las mismas.
4. Algunas consideraciones sobre los enfoques actuales de Competencias.
Según Llorente (1999) los enfoques de competencias que se encuentran hoy en
el mercado -sobre los cuales refiere que en su esencia reducen todas las
posibilidades de aplicación de las competencias y lamenta que por fatalidad
sean los más difundidos- comparten una serie de puntos comunes:
- Cada competencia tiene un
nombre y una definición verbal precisa. Denominaciones como:
identificación con la compañía, auto-confianza, búsqueda de información,
orientación al cliente, pensamiento conceptual, flexibilidad,
liderazgo... aparecieron en los primeros estudios de McBer, (Hay
Group/McBer), la consultora fundada por David McClelland, y luego se han
ido extendiendo profundamente en la bibliografía sobre competencias.
- Cada competencia tiene un determinado número de niveles que reflejan
conductas observables, no juicios de valor.
- Todas las competencias se pueden desarrollar (pasar de un nivel menor
a otro mayor) aunque no de manera inmediata como recibir un curso de
formación. El desarrollo requiere experiencia práctica.
Todos los puestos llevan asociados
un perfil de competencias que no es más que un inventario de las mismas,
junto con los niveles exigibles de cada una de ellas. Con el nivel evaluado
de cada competencia se obtendrán desajustes que habrá que analizar.
No obstante este válido criterio de la autora en su momento histórico, cada
investigador del tema hasta la actualidad, y en dependencia de los
resultados prácticos que haya ido obteniendo, se ha formado sus propio
criterios al respecto, y ha aplicado en consecuencia, el modelo
teórico-práctico de su elección.
5. Corrientes diferenciadas en la Gestión por Competencias. Enfoque
Anglosajón
Se centra en el contenido del puesto de trabajo, así como en su relación con
la estrategia global de la organización.
Los seguidores de este enfoque, comparten los puntos de vistas de McClelland
en cuanto a que los test de inteligencia y los expedientes académicos por si
solos no aportan valor predictivo sobre el éxito profesional, así como
tampoco describen las competencias que posee una persona. Por lo tanto, se
requiere de establecer relaciones causales, lo cual hace a este enfoque muy
potente desde el punto de vista metodológico.
Para establecer estas relaciones se requiere establecer una serie de
indicadores observables que actúen como los agentes que causan los
rendimientos superiores (variables predictoras o agentes causales).
Según este enfoque, estas relaciones son más difíciles de establecer en
puestos que directamente no generan valores o en puestos donde no se conocen
los resultados concretos que de él se esperan.
Se orienta hacia las competencias genéricas y universales, presuponiendo que
cualquier país necesita competencias muy parecidas si se tiene en cuenta que
aumentar el rendimiento es una de las "vías universales" para lograr la
supervivencia de las organizaciones, aunque reconocen también la existencia
de competencias específicas.
Este paradigma ha ido evolucionando a partir de la década de los 80, y en la
actualidad considera las competencias como el lazo que une las conductas
individuales con la estrategia de la organización, la cual debe estar
sostenida por una cultura adecuada, siendo aquí donde las competencias
entran en juego, a través de la gestión estratégica de los Recursos Humanos.
Por lo tanto, si la estrategia elegida implica satisfacción con el cliente y
trabajo en equipos, las competencias tienen que reflejar esta orientación, y
no otra, aún cuando las competencias no aceptadas sean eficaces.
Para este enfoque, las competencias reflejan una serie de valores que en
muchos casos aglutinan la misión y el plan estratégico, lo que posibilita
que aquellas "requeridas" por la organización, puedan ser identificadas a
través de un panel de expertos, sin la necesidad de recurrir a medidas
directivas de rendimiento, por lo que en consecuencia se le confiere la
utilidad que tienen para cambiar conductas ligadas a los valores
estratégicos.
Algunos de los autores más representativos de este enfoque son: R E
Boyatzis, G Hammel y C K Prahalad.
6. Corrientes diferenciadas en la Gestión por Competencias. Enfoque
Francés
Se centra más en la persona, y al contrario del enfoque anterior su
finalidad es actuar como elemento de auditoria en torno a la capacidad
individual del sujeto y el esfuerzo de la organización por mantener su
fuerza de trabajo en condiciones óptimas de "empleabilidad".
Considera las competencias como una mezcla indisoluble de conocimientos y
experiencias laborales en una organización específica (competencias +
experiencias + conocimientos + rasgos de personalidad) /organizaciones
específicas, que son las que tienen la capacidad de capacitar a las
personas, en función de que estas puedan ejercer de la mejor manera posible
sus funciones. Por lo tanto, las experiencias profesionales son la única
manera de adquirir competencias que no son reconocidas por un certificado de
estudios.
Como puede apreciarse, este enfoque enfatiza en la existencia de
competencias específicas para cada empresa, lo cual queda reflejado en el
uso del concepto auto-imagen, como el motor de aprendizaje en las personas,
siendo este el que nos proporciona la imagen que tenemos de si mismos y de
por que nos comportamos de la manera en que lo hacemos.
Este enfoque se centra en los procesos de aprendizajes de las personas y
considera que los test de aptitudes así como lo de coeficiente intelectual
son instrumentos predictivos muy importantes en la gestión de las
competencias.
Claude Levy Leboyer es uno de los autores más citados como representante de
esta corriente.
Concluyendo hasta aquí, con los acápites dedicados a los distintos enfoques
puede observarse que, cada corriente pretende desde su perspectiva resolver
cuestiones que conciernen a un mismo tema, el de las competencias como una
alternativa para lograr mejora en el rendimiento de los individuos. Ambas
contienen elementos que las diferencian y otros en los que coinciden.
Un enfoque se centra en los contenidos del puesto de trabajo y el otro en
las personas que lo ocupan; uno está más orientado a las competencias de
tipo genéricas y otro a las competencias específicas, no obstante ambos
reconocen la co-existencia de ambas; en cuanto al valor predictivo de los
test en el éxito profesional, un enfoque considera que la utilización de los
test de inteligencia por si solos carece de este valor, mientras que el otro
enfoque le confiere a este un gran valor predictivo. No obstante las
diferencias en este sentido, puede apreciarse que en esencia el valor del
test no se niega.
7. Tipos de Competencias.
Partiendo de las consideraciones realizadas por los citados enfoques de
competencias al respecto, estas pueden clasificarse en genéricas y
específicas. Las primeras referidas a un conjunto o grupo de actividades y
las segundas destinadas a funciones o tareas específicas.
No obstante, ambas coexisten en un mismo puesto y persona. Por ejemplo, un
Subgerente comparte actividades propias de su nivel de Dirección con otro
Subgerente, y al mismo tiempo, desarrolla una serie de tareas específicas de
su área de atención.
Otra clasificación, relacionada con el ejemplo anterior, es la que realizan
Cardona y Chinchilla (1999) quienes refieren dos tipos de competencias: las
técnicas o de puesto y las directivas o genéricas.
Las primeras se refieren a aquellos atributos o rasgos distintivos que
requiere un trabajador excepcional en un puesto determinado. Estas incluyen
conocimientos, habilidades, o actitudes específicas, necesarias para
desempeñar una tarea concreta.
Las segundas son aquellos comportamientos observables y habituales que
posibilitan el éxito de una persona en su función directiva. Estas aunque se
consideran genéricas, según los autores, y aunque una empresa pueda
enfatizar más en una que en otra, pueden estudiarse de manera conjunta a
partir del análisis de la función directiva.
Las competencias directivas ó genéricas se clasifican a su vez en
competencias estratégicas e intratégicas. Esta otra clasificación la
realizan los autores, basándose en el modelo antropológico de empresa
propuesto por Pérez López ( 1998), según el cual:
La función directiva consiste en diseñar estrategias que produzcan valor
económico, desarrollando las capacidades de sus empleados y uniéndolas con
la misión de la empresa. Una estrategia que obtenga valores económicos,
empobreciendo las capacidades de sus empleados o disminuyendo su unidad con
la empresa, no sería una estrategia válida, ya que entre otros casos,
debilitaría la capacidad de la empresa para conseguir un valor económico
futuro. Por lo tanto, la función directiva incluye, además de una dimensión
estratégica, otra a la que se le denomina intratégica.
Las competencias directivas estratégicas son aquellas necesarias para
obtener buenos resultados económicos y entre estas los autores citan: la
visión, la resolución de problemas, la gestión de recursos, la orientación
al cliente y la red de relaciones efectivas.
Las competencias directivas intratégicas, son aquellas necesarias para
desarrollar a los empleados e incrementar su compromiso y confianza con la
empresa, que según el referido modelo, se trata en esencia de la capacidad
ejecutiva y de la capacidad de liderazgo, entre las cuales se mencionan, la
comunicación, la empatía, la delegación, el "coaching" y el trabajo en
equipos.
8. Tipos de Competencias. Continuación
A los dos tipos de competencias expuestas en el capítulo anterior, Cardona y
Chinchilla le agregan unas competencias directivas, que según estos, son de
carácter propiamente empresariales a las que se le denominan de eficacia
personal. Estas, que se presentan a continuación, incluyen aquellos hábitos
que facilitan una relación eficaz de la persona con su entorno.
Pro-actividad: iniciativa, autonomía personal. Autogobierno: gestión
personal del tiempo, del estrés, del riesgo, disciplina concentración y
autocontrol. Desarrollo personal: auto-crítica, auto-conocimiento, cambio
personal.
Estas competencias miden la capacidad de auto-dirección, la cual resulta
imprescindible para dirigir a otros, potenciando de esta forma las
competencias estra e intratégicas.
En resumen, puede observarse la presencia de dos grandes grupos de
competencias: las genéricas y las específicas, aún cuando los términos
empleados varíen de un autor a otro.
Como consecuencia de estas clasificaciones encontramos que los distintos
autores proponen y presentan sendas listas de "competencias requeridas",
sean estas de un tipo u otro, como por ejemplo la establecida por Thornton y
Byham (1982) donde se intenta reunir un grupo de competencias genéricas o
supra-competencias para los llamados mandos de alto nivel, o la propuesta
por Dulewicz (1989) referida a los mandos intermedios, u otras, que como
bien refiere Levy-Leboyer (1997) son confeccionadas por los propios
especialistas de Recursos Humanos de una determinada empresa, en función de
confeccionar un sistema de referencia competencial, y que en su gran mayoría
aún no se han editado, ya que son confeccionadas por la empresa para su
consumo.
Actualmente las organizaciones tienden a determinar, atendiendo a su entorno
y su estrategia empresarial, cuales son las competencias que realmente
producen un rendimiento superior, empleando para esto unas u otras técnicas,
a las cuales me estaré refiriendo en el próximo capítulo.
Parte 2:
9. Perfiles de Competencias. Consideraciones generales.
10. Perfiles de Competencias. Técnicas
11. Evaluación de Competencias. Introducción.
12. Evaluación de competencias. Técnicas y Métodos.
13. Evaluación de competencias. Métodos/Instrumentos |
La parte 2
del minicurso se publicó en el número 5 de Ser Mejores
(disponible exclusivamente para suscriptores de la revista) |
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