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Publicado en Ser Mejores Nro. 2
Entrevista a
Julio Olalla
Magda Galvez: Julio, usted es considerado como uno de los iniciadores del
Coaching Ontológico. ¿Nos puede explicar qué es exactamente?
Julio Olalla: En esta respuesta vamos a hacer un pequeño preludio.
Cuando en una comunidad, en una sociedad surge una práctica nueva en el
terreno que sea, es porque está reconociendo que las prácticas anteriores no
se hacen cargo de los problemas y las dificultades emergentes. Ninguna
práctica nace a menos que las prácticas anteriores no estén respondiendo a
los temas que están emergiendo. Por ejemplo, en el aprender o en el enseñar
existen muchos temas como la consultoría, la consejería, el entrenamiento…
hay una gran cantidad de practicas que tienen que ver con la enseñanza, con
el aprendizaje. Entonces, si hay tantas otras, ¿porqué aparece una nueva
llamada coaching? A mi juicio, aparece una práctica nueva porque las
prácticas anteriores se enfocan en dos terrenos, en la acción como es el
entrenamiento, donde se quiere que la acción sea excelente. Cuando entrenas
lo que estás haciendo es repitiendo acciones conocidas hasta ser excelente
en realizar esas acciones.
En otras prácticas como la enseñanza tradicional lo que importa es
transmitir información. Lo que nosotros estamos diciendo es que ni la mirada
sólo en la acción ni la mirada sólo en la información, producen el
aprendizaje que es necesario hoy día en el mundo. Nosotros creemos que el
aprendizaje que hoy es necesario en el mundo tiene que incluir al Ser, tiene
que incluir a quien aprende, no sólo lo que se aprende. Y en el sentido de
que incluye al Ser, al que aprende, eso se llama ontológico. La palabra
ontología es la parte de la filosofía que se encarga del Ser. Por tanto el
coaching ontológico no se preocupa sólo de la acción efectiva ni sólo de la
información, el coaching ontológico se preocupa del Ser desde donde actúas.
En muchas disciplinas sólo es importante la acción efectiva, y muchas veces
se produce acción efectiva aunque se le rompa el alma a la gente. Nosotros
decimos que la acción efectiva es importante pero si no está enfocada a
generar un vivir efectivo, un vivir pleno, no tiene sentido. Es un poco lo
que nos está pasando. La conexión entre el Ser y la acción, entre el hacer
efectivo y el vivir efectivo, eso es coaching ontológico.
M.G. ¿Qué papel tiene el lenguaje en nuestras vidas?
J.O. El lenguaje es uno de esos fenómenos en el que vivimos pero como
vivimos en él, no lo vemos y no reflexionamos sobre él. Literalmente es como
la vieja frasecilla de “como el agua para el pez” que aquí funciona
perfectamente.
Desde
los griegos la interpretación del lenguaje es que es un acuerdo social por
el que nosotros nombramos las cosas, de esa manera nos referimos a ellas y
sabemos de qué estamos hablando, si por ejemplo yo digo silla, los dos
sabemos a qué me estoy refiriendo. El lenguaje se entendió por 25 siglos
como un fenómeno descriptivo. La filosofía del lenguaje a comienzos del
siglo pasado hace algo diferente y dice que es cierto que el lenguaje puede
ser descriptivo pero es mucho más cierto que el lenguaje es un fenómeno
generativo. Los seres humanos no sólo describimos el mundo del lenguaje sino
que también lo constituimos. Un ser humano que aprende el mundo desde
pequeño en conversaciones no podría aprenderlo si no tuviera el lenguaje a
mano y los pocos seres humanos que conocemos que nunca accedieron al
lenguaje, en realidad dejaron de ser seres humanos.
Nosotros nos olvidamos del poder constitutivo del lenguaje.
Si yo te muestro el cielo con sus estrellas y tú no tienes el poder de las
distinciones vas a ver un cielo muy distinto al cielo que tu ves cuando
tienes esas distinciones. En otras palabras, si yo salgo a mirar el cielo
contigo una noche y no sabemos nada de astronomía, los dos vamos a mirar el
cielo y vamos a ver puntos que les vamos a llamar estrellas pero si yo soy
un astrónomo y converso contigo y tengo distinciones y te hablo de las
constelaciones, de los planetas y de los satélites, tú vas a empezar a ver
con los mismos ojos que tenías antes un mundo que antes no podías ver y eso
lo produce el lenguaje a través de la capacidad de distinguir que es un
elemento fundamental. Nos permite acceder a un mundo que antes de tener esas
distinciones no veíamos.
Si yo miro un motor y un mecánico mira un motor, los dos vamos a ver una
cosa diferente. El mecánico mira un motor y ve cosas de las que yo no tengo
ni idea y esto pasa en todas las profesiones. Por ejemplo un médico chino y
un médico occidental. No sólo ven el mundo diferente sino que intervienen en
mundos diferentes.
Ocurre que nosotros creemos que todo el que tiene ojos ve lo mismo y no nos
damos cuenta que lo que uno puede ver depende del mundo de intenciones en el
que vive y eso es lo que hace que las culturas sean tan importantes. Un
español ve un mundo distinto a un rumano o a un peruano y no es porque sea
mejor ni peor, es porque ve una cultura que le provee, le constituye en
mundos diferentes. El lenguaje nos constituye mundos y cuando ese mundo que
hemos constituido lo tenemos enfrente, creemos que todos los demás van a ver
el mismo mundo que yo miro. La diferencia con que miramos el mundo lo
constituyen los diversos aspectos lingüísticos en que vivimos. No es el
único elemento determinante, por supuesto que hay otros, pero es un elemento
esencial.
M.G. ¿Cómo cree que va a evolucionar la profesión del coaching?
J.O. Yo no estoy muy tranquilo con este tema. Creo que por un lado
hay gente que como el coaching tiene popularidad, es consultor y puede
conseguir que le paguen un poco más diciendo soy coach. Hay mucha gente que
se llama coach y que a juicio mío no hace coaching, lo que hace es
consultoría con una pequeña variante.
Cuando se habla de coaching tenemos que hacer la pregunta de ¿qué tipo de
coaching?, ¿de dónde viene usted? Porque hay de todo, como la profesión no
está regulada, como es un espacio nuevo se presta al oportunismo. Creo que
en este momento la situación está dividida, hay gente que es muy seria y
está muy dedicada y está buscando reflexionar sobre este fenómeno con altura
y entender que esta profesión surge porque como te decía al comienzo, otras
profesiones en este dominio no se hacen cargo y por otro lado está el
fenómeno del oportunismo, gente que se llama coach pero que también se
llaman consultores. Tengo mis dudas sobre el curso que va a seguir. En la
medida en que la gente de cada país que está trabajando en el tema lo tome
con seriedad y con rigor, vamos a asegurar que esta profesión finalmente
ocupe un lugar serio en la sociedad. Yo creo que lo que el coaching es, ese
fenómeno fundamental de que el ser humano tiene que seguir evolucionando en
su integridad, en el aprendizaje, eso no va a cambiar, se le llame coaching
o se le llame de otra forma. Ese fenómeno va a ir adelante, pero sobre el
nombre coaching y como profesión específica, la verdad es que no me atrevo a
hacer pronósticos.
M.G. ¿Qué nos sugiere ante los
nuevos desafíos que hoy se imponen en el mundo del trabajo?
J.O. Los seres humanos no podemos seguir trabajando solamente porque
necesitamos llegar a finales de mes, algo más grande tiene que entrar en el
espacio del ser humano para que la vida pueda transcurrir con cierta
plenitud.
Mucha gente manifiesta no estar feliz en el trabajo. Si que hay gente
contenta pero estamos generalizando. No hay gente diciendo que alegría que
hoy es lunes. Más bien el ir a trabajar para muchos es el yugo de la vida y
creo que eso tiene que ver con que hemos perdido el sentido de lo que
hacemos, la ilusión de servir a otros. Trabajamos porque hay que ganar
dinero para vivir.
Por otro lado nosotros estamos pidiendo a la gente en todos los niveles de
la empresa que piensen, que tomen decisiones, en otras palabras, se nos
están planteando temas de un nuevo tipo. La estructura tradicional de la
empresa en el pasado era los que piensan y los que hacen. Estaban el grupo
pequeño de los dueños y los directivos y estaban después los que hacían. Y
en esa estructura, el fenómeno de la confianza tenía un lugar secundario.
Pero hoy día el rol del profesional que trabaja en una empresa es
completamente distinto al que tenía un trabajador tradicional de la era
industrial. Hoy día ese profesional está diseñando, está relacionándose con
el cliente, se le está pidiendo que decida, que tome iniciativas y por lo
tanto surgen fenómenos de confianza, de lealtad, de actitud que antes eran
irrelevantes. Y los nuevos aprendizajes que eso determina están en un
espacio distinto a donde nosotros estamos acostumbrados a aprender. Un
individuo en una empresa no va a cambiar su actitud, su capacidad de tomar
decisiones solamente porque tenga información, el aprendizaje que necesita
no se satisface sólo con tener información, se requiere un aprendizaje
emocional diferente, un aprendizaje que integre todo el ser humano. Si saber
fuera igual a tener información, seríamos la sociedad más sabia de la
tierra, entramos en Internet y encontramos todo lo que queremos. Pero no
basta tener información para saber, saber es una cosa mucho más grande que
tener información y eso todavía en la tradición de las empresas no se toma
en consideración, recientemente se está empezando a considerar. Yo creo que
el aprendizaje que ahora es necesario en las empresas es un aprendizaje de
un nivel muy distinto, es ontológico como decía antes y no de carácter
técnico. Un aprendizaje tecnológico es insuficiente para lo que queremos que
pase en el mundo. Y eso no quiere decir que no tengamos que aprender
tecnología.
M.G. De existir una escuela que nos preparara para la vida, ¿qué materias
incluiría en el temario?
J.O. De echo a la escuela tradicional no le interesa prepararnos para
la vida, le interesa prepararnos para ganarnos la vida que es diferente. Si
hay algo terrible hoy día en las escuelas del mundo es que los niños no
están encantados de ir al colegio, llega un momento que ya no hay la alegría
de ir a aprender.
Nosotros no aprendemos a vivir, aprendemos a trabajar. Piensa por ejemplo
que existe un colegio norteamericano que nació diseñado específicamente para
generar dos tipos de personas, una minoría que pensara y una mayoría que
fuera a trabajar.
Hoy día la crisis de la educación en casi todas partes pero en EEUU en
particular, es que ese colegio no nos sirve, está preparando gente para un
mundo que se acabó.
El nivel de inversión de la empresa privada en la educación está siendo más
grande que la inversión del estado y eso se debe a que las empresas tienen
que reeducar a la gente porque lo que traen del colegio no les sirve.
Entonces qué está pasando, la empresa tiene que reeducar y el colegio tenía
la ilusión que te educaba para ganarte la vida, algo está fallando.
¿Qué
materias incluiría yo? Hace tiempo atrás leía a Cicerone y decía que había
tres grandes cosas que si no las teníamos en la vida no podíamos ser
felices. Una es tener amigos, otra tener libertad y tener paz en la
reflexión es la tercera. No decía que esto fuera lo único pero que si esto
falta, no se puede ser feliz.
En el mundo de hoy la amistad le está dando paso a otra cosa que son los
conocidos, las relaciones que son “útiles para”. El amigo no es simplemente
útil, llega mucho más allá. En nuestras relaciones de hoy estamos
privilegiando al conocido, a la relación puntual que tiene que ver con los
temas laborales pero el amigo, ese fenómeno profundo de la amistad lo hemos
dejado de cultivar. Yo diría que este es un fenómeno fundamental.
El otro es el proceso de reflexión. Pienso que hay muy pocos espacios de
reflexión entre nosotros. Estamos tan orientados a la acción que
consideramos que la reflexión es como una pérdida de tiempo, como si el
reflexionar no fuera fundamental como parte de un proceso de vida sana y
además de creatividad. En esa escuela yo enseñaría a la gente a tener ocio
que es lo contrario del negocio, la negación del ocio es el negocio. No
quiere decir que esté mal estar ocupado, es muy importante estar ocupado,
pero también hay que tener el espacio de la contemplación, del tiempo libre
para mirar las estrellas.
La otra cosa que creo importante es el desarrollo de la gratitud. Los seres
humanos debemos mirar el mundo no como aquello que te debe sino a lo que le
debes. Mientras no cambiemos la relación con el mundo, mientras no lo
miremos desde la gratitud, no vamos a poder resolver por ejemplo el drama de
la ecología. Estamos destruyendo el mundo porque lo vemos simplemente como
una fuente de materias primas, lo miramos como un objeto para usarlo y
enriquecernos y yo quiero revertir eso. Por que no pensar ¿Qué le puedo yo
dar al mundo? En vez de estar esperando siempre qué es lo que el mundo me da
a mí. Mientras no cambiemos la relación emocional con el mundo, no estamos
aprendiendo a vivir.
Así es que prepararnos para la vida implica un aprendizaje emocional, un
aprendizaje reflexivo y también un aprendizaje tecnológico.
M.G. Usted trabaja en organizaciones de diferentes países, ¿Qué
diferencias encuentra entre ellas?
J.O. Las diferencias que existen son de superficie, de manifestación
cultural, los grandes problemas de fondo son los mismos. Yo he trabajado en
países tan distintos como Australia, España, Chile o Canadá y mi impresión
es que existe una cierta desilusión en el trabajo, es decir hay una gran
cantidad de gente que no está contenta con su Ser. Hay una gran
desvinculación entre los grandes temas de la vida y el trabajo.
M.G. Muchas personas tienen la creencia de que consiguiendo la teoría
correcta, ya se resolvió el problema. ¿Qué opina usted?
J.O. El mundo sigue andando aunque sea sin explicación. Las teorías
son predicciones que hacemos de conductas del mundo.
Yo conozco seres humanos profundamente desgraciados que son infinitamente
cultos en términos de teoría y viven bien miserables porque el tener teoría
a mí no me hace un ser humano dispuesto a trabajar con otro, a amar a otro y
a ser amado. El hecho de que yo estudie teoría no significa que yo sea
generoso y pueda compartir con otro ser humano, entonces la teoría supone
que una aproximación conceptual va a resolver la vida y ese es el tema del
coaching. No basta lo conceptual, hay una parte interna que tiene que ver
con la gratitud, con la confianza, con vivir en paz y que no tiene que ver
con teorías.
Las teorías pueden ser útiles, con ellas podemos aprender cosas y resolver
cosas pero son infinitamente insuficientes respecto a nuestra capacidad de
vivir.
M.G. ¿Como se puede a través del coaching, generar innovación colectiva
en una organización?
J.O. Yo he estado trabajando con organizaciones bastante grandes en
las que hago coaching colectivo, es decir, trabajo con grupos de 20 a 150
personas en una sala durante tres días y después de eso, tengo un grupo de
gente que continua trabajando con ellos hasta que nos reunimos otra vez
todos.
Cuando la gente colectivamente se somete a un proceso de reflexión, cuando
se miran y aprenden a vivir en paz diciendo yo no sé y voy a aprender,
cuando es legítimo como parte de la vida no saber, cuando es legítimo
reflexionar, cuando es legítimo empezar a aprender, se produce un espacio
extraordinario de conversación, de reflexión que genera una necesidad
inevitable de reestructurar la organización, la forma en que trabajamos
juntos.
Esto requiere de unos ejecutivos que tengan un poder de liderazgo y un
pensamiento renovado y hasta el momento, esto sigue siendo minoría.
Yo estoy trabajando en Chile con una empresa muy grande en donde llevamos un
proceso ya de dos años y nos reunimos cada cuatro o cinco meses gente que
trabajan en distintos países y nos sentamos a reflexionar lo que nos pasa,
lo que nos duele, lo que funciona, lo que no funciona y lo que ocurre
después de las reuniones es que se producen transformaciones internas que no
es que yo les aconseje que las hagan, es que es inevitable cuando la gente
reflexiona y piensa. Y una de las cosas más interesantes es que dejan de
pensar linealmente y empiezan a pensar sistémicamente.
M.G. ¿Cómo pueden vencer los directivos sus resistencias al cambio?
J.O. Creo que ahí tenemos un rol importante que cumplir.
Nadie quiere cambiar si no entiende que lo que viene o lo que podría ser, es
mejor de lo que es ahora. La gente piensa primero: Yo no veo ninguna
necesidad de cambio, para qué?
Y segundo: Si la veo, el costo de cambiar es mucho mayor a quedarme como
estoy. Esta es su reflexión.
Para que alguien decida cambiar es porque entiende y ve que siendo quien
soy, así como soy hoy, no me puedo hacer cargo de las dificultades que estoy
teniendo. Que algo tiene que pasar en mí para poder hacerme cargo. Si esa
reflexión no la he tenido, ni coaching ni otra cosa, yo me quedo donde
estoy.
Es nuestra tarea mostrar que si tú quieres algo diferente a lo que está
pasando ahora es legítimo decir: Yo soy insuficiente para ese punto, y ese
insuficiente no es una acusación, no es decir estoy mal, es simplemente
decir: para ese punto tengo que cambiar.
Esa reflexión requiere de una gran honestidad, de una gran valentía y
requiere también de mucho coraje.
M.G. ¿Cómo prevé la evolución de las organizaciones?
J.O. En el cambio organizacional lo único que realmente importa es
que entiendan que los resultados de la organización son mayores que
simplemente las ganancias, que hay que incluir en los resultados el impacto
social y el impacto ambiental de la empresa. Cuando estos tres puntos se
coordinen y en el resultado final digamos: la empresa ganó tanto, su impacto
social fue tanto y su impacto ambiental ha sido tal, en ese momento yo diría
que estamos en la dirección que vale la pena mirar.
M.G. ¿Cuál es para usted el perfil de un coach eficiente?
J.O. Yo creo que un coach eficiente es una persona que enseña desde
sus propias heridas, no enseña desde yo ya tengo todo resuelto. Es capaz de
transformar sus heridas en capital y te enseña desde ahí y es capaz de tener
compasión por el dolor, por el drama que el coachee vive muchas veces. Por
lo tanto la capacidad de empatía es fundamental.
También para mí, el coach es un personaje que vive en paz con no saber, que
está dispuesto a aprender pero que no tiene miedo a no saber y es capaz de
producir en otros seres humanos paz también con el no saber.
Actualmente en la vida en general nos estamos enfrentando con que todos los
días nos damos cuenta de que no sabemos. Producir paz en relación a eso y
producir otra vez la alegría de aprender son para mí virtudes fundamentales
de un coach.
Fíjate que la mayoría de la gente cuando les hablas de aprender algo
reaccionan como: ¿hay que aprender algo más? No miramos el aprendizaje con
alegría, lo miramos casi como un peso.
El coach vive el aprender con alegría, el coach vive en la libertad no vive
en la gravedad, el coach es capaz de ir a lo más profundo sin necesidad de
ser dramático.
Estas son para mí algunas de las cualidades de un coach.
M.G. ¿Cree que existen diferencias entre hombres y mujeres coach?
J.O. En la praxis de la vida yo he notado que las mujeres están más
dispuestas a la reflexión de ciertos temas que los hombres, particularmente
los que tienen que ver con una buena vida porque los hombres estamos todavía
tomados con la necesidad de hacer.
Creo que hay una diferencia en ese sentido, no quiere decir que todos los
hombres o todas las mujeres. Tenemos mujeres que son muy masculinas y
hombres que son más femeninos, no en el sentido sexual sino en el sentido
arquetipal.
Yo he visto mujeres que hacen extraordinariamente un lindo trabajo cuando se
trata de producir en el coachee una mirada integral, mirada a la vida entera
y no solamente tres o cuatro cosas relacionadas con el trabajo. Tienen más
capacidad de incluir el mundo entero del coachee y no solamente la parte
laboral.
En los hombres la tendencia es irse más hacia lo laboral y quedarse ahí. Yo
he visto muchos hombres coach que lo que les cuesta es poder meterse en la
globalidad del mundo del otro y no solamente en un aspecto de su vida.
Hay espacios emocionales como pueden ser la tristeza, las desilusiones, los
problemas de confianza que ha veces las mujeres tienen más capacidad de
sostener que los hombres.
M.G. ¿Qué piensa de la nueva economía, en donde el grande ya no devora al
pequeño, sino que el ágil le gana al lento?
J.O. La economía últimamente ha estado premiando a los que son
capaces de transformarse y de aprender. Hay casos extraordinarios de
empresas como IBM por ejemplo. Se compran empresas pequeñitas que han tenido
éxito y una vez que se las compran se mueren, porque lo que hacía que esa
empresa pequeña tuviera éxito era su gran dinámica interior y cuando el
monstruo grande la compra, le mata la agilidad interna que tenía. Esto es
cierto y es cierto también que vivimos en un mundo en el que el grande sigue
teniendo peso, las grandes multinacionales son parte importante de la
economía mundial. Pero lo que he visto que está pasando es que las empresas
grandes empiezan a estructurarse internamente como si fueran un conglomerado
de empresas pequeñas para generar un proceso de gran dinamismo interior y en
vez de operar como una gran empresa, funcionan más bien como una
constelación de pequeñas empresas y eso hace que generen el máximo de poder
interno. Y lo hacen otorgándole más espacio a la creatividad individual,
dejando de tenerle miedo a los procesos caóticos que ha veces se producen,
entendiendo el caos como un fenómeno fundamental de la creatividad.
Yo creo que hay una mezcla de las dos cosas. Necesitamos a veces el poder
financiero que va acompañado a la gran empresa y necesitamos la agilidad de
transformación de pensamiento de la pequeña organización. Creo que las
grandes están empezando a entenderlo y a organizarse internamente también.
M.G. ¿Cuáles son los valores que persistirán en la sociedad del futuro?
J.O. Creo que hay valores fundamentales como la ética, la honestidad,
el coraje, la persistencia, la franqueza, la generosidad, la calidez y otros
que trascienden en el tiempo.
Creo que hay un valor en el mundo de hoy que está empezando a crecer y que
no sé como llamarlo justamente por ser nuevo. Tiene que ver con la capacidad
de mirar planetariamente, mirar el todo, empezar a entender que todo está
conectado con todo y que mis acciones afectan a un todo. Es una mirada que
va a cambiar en el sentido de responsabilidad.
El valor del ciudadano planetario más que del ciudadano nacional es un valor
que viene y creo que va a ser importantísimo y lo encuentro además deseable.
El valor de la gratitud, de pensar como podemos ser un regalo para el mundo
en vez de pensar que el regalo es el mundo para mí es otro valor
fundamental.
Estos valores tienen que ver con un pensamiento holístico, un pensamiento
sistémico que es otro valor que está empezando a crecer.
M.G. ¿Qué nos aconseja para compaginar el mundo personal y el mundo
laboral en los tiempos que vivimos?
J.O. Para vivir una vida diferente a la que tú ya no quieres seguir
viviendo, hay algo inevitable, al menos así lo he ido entendiendo yo con los
años, y es que necesitas del coraje. Y el coraje no quiere decir no tener
miedo, el coraje tiene que ver con ser capaces de actuar a pesar de tener
miedo.
Si nosotros queremos transformarnos en la vida, si queremos una vida mejor
tenemos que tener el coraje de poner a prueba el que no sabemos, de admitir
que nos equivocamos, de intentar un mundo inédito, un mundo que todavía no
conocemos.
Nosotros hablamos mucho del coraje en el sentido físico, por ejemplo de
tirarnos en paracaídas y yo no estoy hablando de ese coraje, ese está
conectado con la adrenalina y yo estoy hablando de otro. Un coraje que te
hace pararte en la vida y decir por aquí va, por aquí pienso, aquí no sé y
poder determinar tus acciones por un sentido ético fundamental. El deseo de
colaborar, de cambiar, de contribuir a pesar de que a veces, muchas veces no
vas a ser comprendido y es más, algunas veces vas a ser hasta despreciado
por aquello.
Yo no creo que los seres humanos tengamos procesos importantes de
transformación mientras no desarrollemos coraje. En mis programas de lo
primero que hablo cuando la gente llega al programa es del coraje. Ustedes
quieren aprender pero tienen el coraje para hacerlo o quieren aquí confirmar
lo que ya saben. Ese coraje es un coraje mayor. Yo he visto seres humanos
dentro de los programas que nosotros hacemos que es como si entraran en un
torbellino y se dan cuenta que algunas de las cosas que han hecho las van a
tener que revisar, repensar, darles otro carácter. Que a lo mejor lo que
hasta ayer era útil como sabiduría, deja de ser sabiduría en el mundo que
empieza. Una de las partes más difíciles de todo aprendizaje es el aprender
a desaprender. Entonces el coraje de tener la frescura de poder seguir
pensando y no transformarte en un defensor de teorías, la capacidad de poder
reflexionar con liviandad, de no tener que andar defendiendo tesis, a eso me
refiero, ese coraje es fundamental y nosotros no hemos aprendido así, hemos
aprendido a estar defendiendo posturas.
Lo que yo aconsejo es tener coraje en ambos lados de repensar el mundo, el
coraje de empezar a vivir con la siguiente pregunta que ya he comentado
anteriormente: qué regalo soy yo para el mundo en vez de qué regalo es el
mundo para mí. Creo que esto lo engloba todo. Los seres humanos que
trabajamos y que hemos perdido el contacto con que nuestro trabajo es servir
a otros, nos produce al final depresión. No hay nada más bello para un ser
humano, que hacer lo que hacemos sabiendo que le sirve a otros. Y eso pone
junto lo personal y lo profesional.
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